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Ser pequeño verse grande

¿Escuchaste alguna vez la historia del pez grande que se come al pequeño? Ésta es al revés: David disfrazado de Goliath.

El tiempo se ha encargado de demostrar que incluso los emprendedores más pequeños pueden tener un impacto importante en su área de desarrollo, en muchos países las estadísticas del impacto de las pequeñas empresas en el producto interno bruto (PIB), sobre todo manufacturero, son crecientes y cada vez más relevantes. La planificación en las microempresas de estrategias dirigidas a actuar como competidores de las medianas y grandes empresas han dado resultados satisfactorios en el aumento de la participación en el mercado.

Cada negocio es comparable a un ser vivo y complejo que requiere en primer lugar una observación del medio donde se desarrolla, un planteamiento de objetivos propios (en algunos casos compartidos o cooperativos) y tomar las acciones necesarias para transmitir a los potenciales clientes una imagen concreta y correcta.

Los errores más comunes en los que caen estas pequeñas empresas suelen pasar por capitales limitados mal planificados, las proyecciones a futuro inconsistentes y la adopción de una estrategia equivocada de comunicación con sus clientes o creen que comunican pero hacen todo lo contrario.

Entre estos errores están también las decisiones tomadas por el microempresario que piensa en su negocio como la forma de sustentarse y no como un sistema de generación de capital.

El mercado capitalista a diferencia del social tiene otro ritmo y otra velocidad de crecimiento como ha dicho Kottler, se requiere una actitud progresista y proyectista para que una microempresa se sostenga y perdure; solamente después lograr una estabilidad en el corto plazo y con la ayuda de elementos diferenciadores que sean percibidos -y comprendidos- por los clientes potenciales, se logrará notar un crecimiento significativo.

Verse diferente es una conditio sine quanon para mejorar la conexión cliente-negocio e incentivar la aceptación e interacción con una marca que, finalmente, se traduce en mayores ingresos para el microempresario. La necesidad de encontrar valores únicos es primordial porque puede convertirse en la única forma de “sobrevivir”.

Entiendo la necesidad de vender que suelen tener los emprendedores pero hay que parar un momento para preguntarse: ¿Qué es lo que voy a vender? ¿Por qué deben comprarme a mi y no al otro? ¿Cuál es mi promesa?

Un ejemplo de esto son los alimentos que produce una ama de casa para venderlos entre sus conocidos, vecinos o amigos; aquellos no requerirían un packaging muy elaborado y talvez prescindiría de una marca, algo factible en los mercados sociales locales de los emprendimientos pero ¿qué pasaría si ofertáramos ese mismo producto en un centro comercial? Simplemente no sería competitivo.

A los consumidores, clientes o usuarios ya no les basta comprar sino que el punto inicial ahora es personalizar sus productos, servicios o su experiencia ¡eso como mínimo!, exigen que todo sea premium, más rápido, más flexible, con menos errores y defectos; todo esto se relaciona directamente con la capacidad de diferenciación respecto a los competidores. Para lograr esta diferenciación es fundamental incorporar la innovación o por lo menos creatividad controlada como una verdadera ventaja competitiva.

La innovación se convierte en una oportunidad única para mejorar la competitividad de las microempresas y asegurarse un futuro en un entorno que siempre tenderá a lo global.

Es en este ámbito donde el Diseño de Imagen Empresarial (no hablo de Branding) juega un papel sumamente importante dentro de la innovación por ser una disciplina que aporta notablemente en el desarrollo de nuevos productos, identidades, proyectos y negocios. Esto no solo se logra con el Diseño de I.E. sino con un trabajo complementario entre varias profesiones que, en conjunto, logran emprender nuevas estrategias para el mercado (ahí si Branding)

Los mercados demandan cada vez más novedades: porque, por una parte, el consumidor  necesita reafirmar su individualidad y apropiación, y por la otra, un empresario siempre está ávido de riqueza.

Las microempresas normalmente sienten aprensión hacia los costos de aquella innovación, lamentablemente, es normal hacer recortes desde el inicio en los gastos de diseño, comunicación o planificación; pero, por otro lado, aplicar la tendencia del “hágalo usted mismo” es muy arriesgado a menos que el emprendedor cuente con ciertas habilidades y conocimientos para conseguir el efecto de verse grande cosa que, de antemano, es bastante difícil.

El éxito inicial puede depender de hacer lo correcto en el momento indicado y de saber trasmitir un mensaje claro para ganar la preferencia de los potenciales clientes. Agregue un poco de «Royal» al pastel… seguro le vendrá muy bien.

Si hemos crecido con la falacia lógica de que el pez grande se come al pequeño construyamos una nueva, más inspiradora por lo menos, una que promulgue verte grande para competir con los grandes. De estos últimos, seguramente arriesgados, pero siempre mucho más satisfechos.