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Proactividad Reactiva

Introducción

¡Dime cuánto sabes y te diré que tan proactivo o reactivo puedes ser! La proactividad tiene más de empatía aplicada a procesos de cambio que de sentirse más útil que los demás.

Contenido

Cuando se explica la proactividad lo que se propone es pensar antes de actuar o pensar en como corregir errores en base a los cometidos anteriormente (atender a la experiencia), analizando el contexto y las posibilidades. La proactividad es tomar la iniciativa ante las situaciones y asumir, de forma autónoma, la responsabilidad para que se ejecute lo planificado previamente.

Por el contrario, la reactividad significa actuar de una forma casi impulsiva, no pensar en las consecuencias futuras de las decisiones actuales con tal de resolver una situación contraria lo más pronto posible y no tener la capacidad de proyectar ni estimar el resultado. Ser reactivo implica esperar un determinado suceso para buscar un recurso inmediato que calme el malestar o síntoma pero no la enfermedad.

Cuando he sido consultor de negocios siempre, pero siempre, le explico al empresario o al emprendedor que ser reactivo es el síntoma más claro de no tener un plan. La medicina es pensar todo como un proyecto previsualizando escenarios y con ese plan ser proactivo.

En los emprendedores es bastante común esta forma reactiva de actuar sea por desconocimiento o por exceso de confianza en su quehacer. Cuando estos emprendedores están en camino a convertirse en empresarios se les ve tomar ciertas decisiones más “prudentes” que responden al pasado y no tanto a esa “sensación” del presente.

Como dice el dicho “el diablo sabe más por viejo que por diablo” pero siempre es difícil convertirse en diablo.

Las empresas reactivas -y por ende los empresarios-, por ejemplo, piensan en marketing, diseño o publicidad como el último paso en el proceso productivo (reaccionan); peor aún, se lanzan a ese vacío cuando están desesperados por bajas ventas y lo más grave de esta situación crónica es que, por su menudo análisis, contratan servicios no profesionales –y entiéndase como no profesional a cualquier persona que no cuente con un título– afectando directamente al negocio y haciendo, finalmente, que ese mismo empresario -y por ende empresa- más adelante no confié en el valor del trabajo del marketero, diseñador o publicista. Esta decisión errada que además de generar una alta probabilidad de estancamiento (como lo demuestran varios estudios), incide de forma negativa en la mente del consumidor, usuario o cliente y denigra el trabajo de otras personas o disciplinas (se afecta la proactividad futura).

La recomendación más común es que aquel emprendedor trate de gestionar su motivación no solo a empezar su negocio, sino intervenir en todos los aspectos que permiten su crecimiento, es decir, el emprendedor debe ser proactivo en procesos y conocimiento, debe ser el primero en saber cómo hacer que las cosas sucedan y también ser el primero en educarse constantemente para reaccionar y tomar las decisiones más acertadas en los escenarios posibles.

En Diseño escuché una incongruencia que me parecía más la desesperación hablando que otra cosa: Diseño Reactivo o reaccionar con diseño… Vi ciertos grupos de “creativos” profesionales morir en el intento de proyectar con base en el error, eso para mi es corregir y no diseñar.

Las ventajas de pensar de forma proactiva son infinitas porque van desde aumentar las posibilidades de sostener una crisis, mejorar las probabilidades de tener éxito, pensar en futuros desarrollos, ampliar los mercados (de ser locales a globales) o simplemente ser chico y verse grande. Si el emprendedor tiene esa fuerza para empezar un negocio por una motivación propia ¿por qué no sigue construyendo con esa misma fuerza sus procesos? ¿Por qué suele encerrarse a disfrutar de una victoria parcial y no de la total? ¿Cuánto le dura la proactividad? La proactividad tiene un pequeño problema mecánico que responde más al comportamiento humano que a la razón: los laureles son cómodos y la victoria enceguecedora.

No todo es color de rosa, varios estudios han demostrado que un exceso de proactividad puede ralentizar todo el desarrollo ya que se trasladan ciertos parámetros productivos al lado subjetivo e interfieren ya no con la capacidad intelectual sino con el feeling que una persona tiene con su entorno; por ejemplo, si un emprendedor proactivo está junto a alguien reactivo suele afectar directamente a su moral y es algo que ocurre con frecuencia cuando se habla de jerarquías en las organizaciones (jefes que esperan proactividad y trabajadores que no entienden porqué serlo); cuanto más grande es la empresa el problema de la proactividad se suele convertir en un tema de calibre importante dentro de recursos humanos porque no basta con un llamado de atención o una capacitación sino que requiere modificar holísticamente procesos para cambiar la cultura corporativa (moral colectiva).

He visto gente en exceso proactiva que termina por deprimirse creyendo que los demás no les entienden y se frustran rápidamente porque sienten, erradamente, que al ser proactivos están en el camino correcto… Suelo recomendarles que comprendan que no todas las personas son proactivas y que una cosa es la inquietud y otra muy diferente la proactividad. Es muy común confundirlas.

Otro gran problema de la proactividad es su propio marketing y el discurso del self-improvement que se le ha asignado, es bastante común encontrar en diferentes canales mensajes que explican la proactividad como la fórmula mágica para el éxito o que ese trabajo incansable buscando oportunidades hacen que los resultados lleguen 2x, 3x o 20x más rápido; más falso que eso imposible. El ser proactivo no tiene nada que ver con el activismo o la hiperactividad, ser proactivo no significa actuar deprisa, de forma caótica y desorganizada, dejando que los impulsos emocionales sean el rigor de la agresividad, arrogancia o insensibilidad para con las situaciones.

La proactividad debe ser entendida como un comportamiento de anticipación, orientado al cambio y autoiniciado en ciertas situaciones que requieren especial atención. Significa, como explicaría Grant, tomar el control y hacer que las cosas sucedan en base a un plan prefigurado atendiendo a diversos escenarios que pudieran desarrollarse en la ejecución. Los emprendedores y empresarios proactivos que son realmente útiles para los negocios y las organizaciones suelen moverse por valores cuidadosamente meditados, aplican conocimiento especializado en cada momento particular y centran su esfuerzo en aquellas cosas en las que sí pueden intervenir. Utilizan energía positiva con la que amplían su círculo de influencia.

Ser proactivo es aprender a reaccionar con criterio y anticipación… Me gustaría que a la proactividad se le asociara más a ser adaptable que a ser productivo, esto ayudaría significativamente a la eficacia evitaría la frustración.

Finalmente, la reactividad es también peligrosa pero quizás menos que una proactividad desenfocada y emocionalmente afectada.

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