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El problema no es emprender

Hay tantas voces que dicen ¡emprende! Pero hay muy pocas que te dicen realmente cómo y este es el porqué…

La forma de “crear un emprendimiento” (que en principio ya comete un grave error conceptual muy bien aprovechado por los traficantes de educación) en muchos casos es regulada por la necesidad y el tiempo; esta forma de hacer negocios es riesgosa porque no propone la investigación ni el razonamiento para tomar decisiones, sino que ancla su desarrollo en la emoción y en el hacer o como yo lo llamo: el caldo de cultivo para el fracaso.

Las relaciones personales también juegan un papel importantísimo no por la ayuda que pueden brindar sino por el incentivo a la independencia que el discurso a medias del ser emprenderor hace eco ¿realmente hay que ser emprendedor? Deberíamos preguntarnos primero y actuar después; aplaudimos la actitud, pero ¿por qué no construimos aptitudes? La condición humana nos lleva a buscar la comodidad, cada vez más vista en las nuevas generaciones, y ha ido cambiado hasta la forma en la que definimos esfuerzo y trabajo.

Seguramente el concepto de trabajo ya no es el mismo que se manejaba 15 años atrás, en aquella época eran pocos los locos que decían que trabajaban en My Space o Hi5, ¿haciendo qué? Quién sabe… hoy son digital marketeers. (esto es solo un ejemplo)

Los medios digitales hacen su parte porque influyen, como vocecitas en el oído, la forma de pensar las cosas y tienden a presentar todo como un show, como un evento o como un momento social colectivo en el que los puntos de vista no solo deben se respetados sino aplaudidos y reverenciados. Esto es peligroso y ya lo estamos sufriendo en cada webinar.

Volviendo al tema de los emprendedores, los cambios constantes en el stablishment van haciendo que todos y cada uno de los seres humanos se empoderen excesivamente de sus vidas económicas; no quiere decir que esté en contra de que seamos emprendedores sólo quiero dejar en claro que primero hay que definir si queremos ser uno, qué tipo de emprendedor podemos ser y planificar las acciones necesarias para efectivamente llegar a ser negociantes (no emprendedores).

Emprender no es la meta, es la acción con la que empezamos el recorrido. No me crea a mi, pero si no le cree a la RAE es su problema.

Enfocados en este mundo de informalidad mercantil, porque en la estadística realmente son pocos los emprendimientos legalizados, el problema no pasa por querer o poder sino por saber; es decir, el emprendedor tiene recursos (por lo menos tecnológicos), tiene cierta posibilidad financiera (porque para emprender algo debe tener ahorrado), tiene la actitud (seguramente) pero la gran mayoría de ellos carece de conocimientos en marketing o en comunicación o en procesos o en lo jurídico o en lo administrativo. Para mí, los grandes dilemas del emprendedor no pasan por el antes ni el durante sino por el después.

Los mayores problemas que tienen que sortear los emprendedores están en la gestión y no tanto en la producción. Eso no es más cierto que aquel que no haya “producido” algo tampoco entenderá lo que hay que gestionar.

Después de decidir emprender, que en concepto es una acción, hay que ponerle atención a:

  • Cómo planificar porque vivir resolviendo problemas cada día es más agotador y suele provocar frustraciones constantes.
  • Cómo y en qué invertir porque es una parte muy importante de hacer negocios y el emprendimiento es un negocio.
  • Cómo gestionar o administrar porque una idea un seguimiento tiene a diluirse muy rápido, peor aún sin procesos (lo último en lo que piensan los emprendedores)
  • Cómo comunicar y vender porque un producto o un servicio incipiente tal vez requiere el doble de esfuerzo para que sea descubierto.
  • Como asesorarse o delegar porque los emprendedores deben saber identificar qué profesionales le serán de ayuda para progresar.

Ahora lo más importante, ¿Por qué ningún curso o taller nos explica cómo aprender estos últimos? Es fácil de responder, ningún profesional o consultor de negocios entregará su know-how a cambio de nada porque muchos de esos cursos son “gratis” (o de bajo costo); esos profesionales saben que a la audiencia, sobre todo cómoda, hay que atraparle con un caramelo y después “venderle más” (estrategia centenaria a la que todavía respondemos) y por otro lado es mucho más fácil atacar el lado emocional de “hacerte sentir emprendedor” que a la idea de “enseñarte a hacer negocios”.

Siempre le sugiero al emprendedor de cualquier tipo que invierta más en desarrollar conocimientos que gastar recursos en aprender a emprender porque, como expliqué antes, emprender es un verbo que tiene más de querer que de poder.

Esto, finalmente, no es un problema de la oferta sino de una demanda que se acongoja y se lamenta de cada esfuerzo adicional que se requiere para construir un imperio.